Cartas lunares
Bajo la luna, el patio recibe cartas que caen como nieve de oro.
Los caracteres llenan la piedra; hilos de luz se desvanecen y reaparecen entre el césped.
Las puertas cerradas susurran nombres que nadie recuerda, antiguas presencias atentas.
El aire respira quieto, y la casa olvidada parece escuchar.
Las cartas germinan, semilla de memoria entre grietas y guijarros.
Cada sílaba se vuelve planta que roza las cortinas y el patio.
La luna las riega de luz; la casa, tímida, abre ventanas al corazón.
Y al alba queda el aroma de una vida que quizás volvió a llamar.