Bajo el leve peso de cada pensar, ha trazado puentes, números, un entero mundo de signos que el aire acogió, hasta el extremo tallo, desnudo y rostro.
Ya no hay promesa de líneas perfectas, ni furia grabada en hileras directas; ahora reposa la madera, punta corta, con el cansancio de obra ya rematada.
Y su silencio no es de destino sin fin, sino eco mudo de cada sílaba festín que de su mina ha brotado, nacida, una historia acabada, y sin embargo vivida.