El Momento Soberano de la Moneda
Lejos del agarre, un tiro de confianza,
se eleva el disco, metal brillante.
Por un suspiro, el mundo se resguarda
en su giro, ciego y fugaz.
No tiene recuerdo de manos ni cartera,
solo el roce del aire que lo toca.
Un siseo tenue, una hoja nueva
del cielo abierto, antes de detenerse.
En la cima del giro, sin peso alguno,
ignora el drama del futuro incierto.
Es un punto de oro, suspendido al viento,
un horizonte mudo y luego descubierto.
Su virtud reside en ese destello,
en la duda sin elección, pura esencia.
No sabe de cruz ni cabeza, sino de pleno
vuelo cumplido, desprovisto de conciencia.
Luego la caída, una sombra sin prisa,
el final cierto escrito en el aire cansado.
Desciende, y cada borde se predice,
un juramento que el destino ha negado.
Y al fin el golpe sordo, el veredicto es firme,
sobre el plano quieto, frío e indiferente.
Mas en ese viaje suyo, mudo y preciso,
fue reina por un instante.