La Mancha Negra del Fuego Mínimo
Su ardor fue un sobresalto repentino,
un instante de llama, breve canto.
De su madera tenue, un destino
dio luz, y luego se apagó, al lado.
Ahora es ceniza, una cáscara sin grito,
un fragmento de carbón, casi etéreo.
En su forma esbelta, un tibio
recuerdo lleva, saber austero.
Ya no es madera lista para el fuego nuevo,
ni llama que devora y luego se apaga.
Es el alma del fuego, desnuda y cruda,
un residuo a nada más que no se entrega.