La Silenciosa Resolución del Nudo
Nace de una intención, de mano apresurada,
curva de hilo, un abrazo no pedido.
Una promesa tácita, una ansiedad oculta,
un punto fijo donde el viaje se ha detenido.
No sabe de historia, ni tiene memoria antigua,
solo el instante en que la fuerza lo apretó.
Luego, sin sacudida, sin sibilio o lamento,
bajo el peso mudo de una tensión ignota,
comienza su danza, un lento cumplimiento,
fibra sobre fibra, el abrazo más devoto.
No busca gloria, ni efímera nota,
sino la plena esencia de su propio tormento.
Se hace más firme, una custodia discreta,
testigo silente de lazos y de despedidas.
Un muro pequeño contra el escape indómito,
un sello mudo entre los hilos más frágiles.
Un corazón ciego que no conoce olvido,
sobre su suerte, inmóvil, profeta.
Y mientras el mundo alrededor se deshace y retrocede,
él persiste, en un terco credo propio.
Pequeña fortaleza que nada jamás rodea,
un punto ciego que no pide permiso.
Solo en el corte limpio reside su poder,
volviendo hilo, a su primer destino.