Rostros no escritos
El viento relee los rostros de los habitantes,
páginas aún sin tinta ni tiempo.
Cada arruga es una nota en margen suspendido,
cada mirada una palabra nunca dicha.
Luego vuelve, juega con dedos de lluvia, reescribe,
hilos de aliento borran y recortan nuevos signos.
Y en el silencio, la ciudad se deja doblegar
a una historia que espera la primera frase para nacer.