La Espera
En el corazón de la sala, un reloj detenido,
el tiempo suspendido, en un retorno eterno.
Una flor florece, silenciosa y serena,
en diálogo mudo, con el tiempo que no corre.
Los pétalos se abren, como secretos revelados,
mientras las manecillas quedan inmóviles y silenciosas.
Una hora, un minuto, ya no tienen significado,
solo la belleza del presente, en este espacio.
La flor y el reloj, en un abrazo invisible,
hablan de eternidad, de vida y de misterio.
En el silencio, encuentran una voz inexprimible,
un diálogo sin palabras, puro y sincero.