Gramática de la herrumbre
El tiempo se sienta en el banco de la lluvia y aprende la gramática de la herrumbre.
Las palabras son óxido que araña el silencio de las superficies.
Cada letra es grieta, cada regla un pliegue que respira en el metal.
Así nace un lenguaje lento, donde el tiempo enseña a quien resiste.
Y cuenta historias al oído de las cosas: clavos, rejas, ruedas silenciosas.
Las cosas escuchan, prestan oído al susurro del polvo que canta.
El tiempo desvela nombres de óxido, memorias que vuelven y se desvanecen.
Así queda la herrumbre, narradora entre los objetos que han escuchado.