El peso de la memoria grava sobre el suelo, arrastra los minutos como arena en un reloj roto. Entre las fisuras de la habitación vacía brotan flores de tiempo que desafían al silencio. Cada pétalo es una voz que nunca se ha desvanecido, un eco que resiste el soplo de la noche. El polvo se vuelve tierra, la luz una primavera, y la habitación despierta en un jardín de memorias.