Los Mapas Grabados en el Esmalte
El esmalte, antes liso, mar blanco y quieto,
Guardaba el inicio sin dejar rastro.
Luego vino la cuchara, el hálito cansado
De un gesto diario, amenaza callada
Ligera, un rasguño tenue, casi mudo,
Primer surco en el tiempo no visto.
Ahora, mil líneas corren y se funden,
Telarañas opacas o ríos grises,
Testigos de mañanas que se esconden,
De café derramado, de leves prodigios
De manos que apretaron, posaron, rozaron,
Un atlas invisible que se ha formado.
Cada signo es un aliento, eco incierto
De vidas pasadas en este umbral apagado.
No hay olvido que esa tela abierta
No sepa retener, mientras inventa
Una constelación de instantes perdidos,
Sobre el esmalte gastado, eternamente mudo.