La escritura lenta del bronce
Sobre el hombro de bronce, áspero y severo,
que desafía al sol y a la lluvia constante,
un velo ignoto, sin primavera,
se posa en un gesto ineludible y cambiante.
Desde el vientre del metal, lento y sabio,
su nueva epidermis se extiende,
color antiguo que la historia deposita,
que los siglos consigo recompensa,
un tejido de épocas que se despliega y cede.
Es la paciencia que la materia aprende,
el sedimento denso de cada instante vivido,
una verdad que al tacto se comprende,
el tiempo mismo en su vestidura cambiada,
otra eternidad que ha sido creada.