El Congreso de los Calcetines Desparejados
Bajo el sofá, en la oscura profundidad,
donde la luz es solo un tenue brillo,
se celebra el congreso, un parlamento puro
de hilos solos y sin vestuario.
Aquí cuelga el talón, allá el elástico lento,
cada uno historia de pie partido,
un destino incierto, un silencio atento,
del compañero perdido jamás oído.
Ningún lamento cruza el aire pesado aquí,
ni reproche rompe el quieto pacto.
Con sabia sutileza que el tiempo no puede
desatar el nudo de afecto abstracto,
comparten el peso de una libertad forzada,
el desnudo escalofrío de ser solo.
La esperanza, a veces, de una lavadora encantada,
que devuelva un hechizo perdido.
No es tristeza su tenue velo,
sino conciencia, antigua y suave,
de que cada par se disuelve bajo el cielo
en un viaje de fibras sin fin.
Y si un día, por casualidad, una mirada los atrapa,
los ve unidos, en paz disarmónica,
dirán al mundo que no los entierra
la suerte impar que los precede.