El Diagrama Efímero del Estornudo
En la antecámara muda de un cosquilleo nasal,
donde el aire se condensa en una espera inusual,
se dibuja el presagio, un impulso genial
que escapa al control, rápido y resoluto.
No es solo un picor, sino un íntimo entramado
de nervios tensos, listos para desatar el nudo,
un secreto preludio, una callada llama
que busca en el aire su efímero desahogo.
Luego la explosión blanca, una ola sin rumbo fijo,
una arquitectura de agua, un torbellino de aliento,
que modela el instante, veloz y nunca vencido,
un vuelo invisible, breve y desesperado.
Catedrales de gotas, arcos iris apagados,
un atlas de vectores en tiempo comprimido,
donde cada partícula tiene sus movimientos,
un caos ordenado, un minúsculo acceso.
Y luego el nada inmediato, un silencio profundo,
solo un eco vibrante en los pasajes del oído,
el diagrama desvanecido en el mundo inmenso,
dejando un resplandor, un espejo velado.
Mas por un instante breve, casi imperceptible,
el universo ha albergado una forma perfecta,
una escultura de aire, pura e irrepetible,
en el estornudo exacto, la efímera flecha.