El Silencioso Juramento de Adhesión
Dos superficies, antes extrañas,
buscan en el vacío la promesa.
No es ojo, ni tacto, sino el llamado
de un velo tendido, casi plegaria.
Y luego el sello: un instante mudo
donde átomos y fuerzas intercambian un sí.
Ningún clamor, solo el pacto apretado
que hace al “dos” un inesperado “uno”.
Así se teje el urdimbre invisible,
más firme que voz o lamento.
Un abrazo frágil que se vuelve inquebrantable,
eco del silencio que lo mantiene junto.