El Pequeño Veto del Botón Suspendido
Y reposa, suelto del tejido,
un disco de nácar, desnudo y plano.
Ya no es borde de puño ni de dobladillo,
ni barrera al frío, ni llamado.
Es solo forma, un pequeño silencio,
con bordes lisos y agujeros casi ciegos.
No busca manos, aguja, hilo, ecos remotos
de una tarea textil, de un cierre resignado.
Ha perdido su lógica cosida,
esa obediencia al tejido gris o azul.
Ahora respira un aire no sentido,
y desde su centro nace una afirmación: “No.”
No es el peso del desapego lo que lo oprime,
sino la ligereza de una elección pura,
que en esta ausencia imprime su esencia,
una aventura minúscula e intacta.
Y así yace, una piedra sobre la arena,
un astro caído en un cajón oscuro.
Ni la ansiedad lo mueve, ni la antigua rabia
de no ser ya parte de un vestido.
Dijo su “no” en un átomo de aire,
y permanece quieto, en ese acto cumplido,
un manifiesto de gracia solitaria,
de un punto infinitesimal y orgulloso.