El Pasador de Latón
En el corazón de cada hora, donde el tiempo se anuda,
y el ritmo oculto su destino desenlaza,
un diente de latón, preciso y paciente,
realiza su eterno movimiento, sin cansancio ni latencia.
No ve el día claro, ni la noche que cela
su constante labor, una vela diminuta
que impulsa el mecanismo, un instante cada vez,
ignorante de la prisa que el mundo le trae.
Es solo un pasador, brillante, un empuje fiel,
en su giro tenaz, que nada desvela.
No busca gloria ni luz, ni el brillo del oro,
mas su movimiento es relato, sin pausa ni coro,
dibuja los instantes, el tiempo material,
la huella exacta de cada señal.