El aliento robado sale de casas vacías, entre ventanas rotas y polvo que suspira lento; se acurruca a los umbrales como humo leve y roza los pasillos en busca de viento. Se vuelve mapa de estrellas, trazado en paredes apagadas constelaciones de ladrillo y puertas en órbita; cada cuarto ilumina un pequeño cometa y el silencio vibra con luz contenida. Siguiendo este mapa, la noche se hace hogar caminamos entre escombros y luces nuevas. El aliento vuelve a habitar el mundo, y la ciudad abandonada recupera el color de las estrellas.