Nacer pensamiento, un fulgor mudo, que no deja rastro ni huella en el aire. Mas cuando su hilo se vuelve minúsculo, un soplo abstracto lo succiona a la nada.
No es el olvido lo que apaga o disuelve, sino un eco interno que se hace recóndito, un aire que en bóvedas regresa a anidar, donde cada forma era más viva y florido.
Y queda un frío frágil, un aroma de lo que fue, mas sin más calor. Una ausencia densa, no de dolor, sino de su propio, interno y florido color.