Tiempo sumergido
En el vientre de la biblioteca sumergida
el tiempo se estira, pesado cual plomo,
estanterías ancladas al fondo de la memoria,
el agua retiene el aliento de las horas.
Las páginas respiran, pulmones de papel,
cada sílaba estalla en burbuja que sube,
palabras que se vuelven burbujas de aire,
que rozan el rostro de quien escucha en los pasillos.
El peso se acumula como sedimento en los hombros,
los volúmenes respiran juntos, en un coro bajo,
cada umbral es una marea que empuja el pensamiento,
y la memoria queda atrapada entre burbujas y lluvia de sal.
Cuando una burbuja emerge sobre la superficie,
el mundo parece más alto, menos pesado,
mas la biblioteca permanece, lenta y lúcida,
aprendemos a nadar entre palabras que respiran.