Semilla lunar
En la orilla del tiempo, un muro abandonado retiene la sal.
En una fisura, la semilla lunar respira suavemente.
Grieta tras grieta, la piedra permanece escuchando.
El mar observa, testigo discreto de un nacimiento.
La luna lo nutre con reflejos de plata, una lenta savia.
Raíces tenues buscan la roca, tejiendo memoria y viento.
Cada noche el brote avanza, discreto y tenaz.
La grieta se vuelve sendero, hilo de luz que vibra.
Germinada, la semilla es puente entre ayer y mañana.
La piedra se abre, escalera que lleva al alba.
El abandono y el tiempo se conceden un respiro.
En la orilla, la semilla lunar florece una pequeña eternidad.