Entre grietas del asfalto la semilla es aliento. La calle desierta guarda el primer brote de memoria. Voces que se esfuman vuelven como luces diminutas entre el polvo. Cada piedra custodia una fecha, una luna pequeña. Raíces finas buscan el agua de la lluvia pasada. El tiempo tropieza y la memoria se refleja en un charco. La semilla florece con episodios, risas perdidas, nombres hallados. Caminamos por la calle que se ilumina, ya no está desierta.