La habitación nunca está vacía; es el aliento de una vela. Entre pliegues de cortinas, los recuerdos toman alas de luz. Insectos luminosos vigilan el aire cual pequeñas linternas. Cada soplo de viento enciende una historia que no muere. Son diminutas estrellas que viajan sobre el tejido del tiempo. Se posan en los bordes y susurran secretos de cuartos lejanos. La casa los retiene, y la noche se vuelve un bosque de luces. Así la habitación queda llena, hasta que el alba rasga el lienzo.