Piedra errante
Una piedra despierta entre ruinas que poco respiran.
No tiene manos, mas marca el tiempo con esfuerzo leve.
Avanza donde la luna apagó los nombres de las vías.
Cada paso es memoria que piedra y tinte se hace.
Cruza lugares donde no hay puertas que al viento escuchen.
Puentes que tiemblan entre el mar y arena de otro año.
Casas convertidas en mareas de polvo, luces muy apagadas.
Recoge voces ausentes y las guarda intactas en el caparazón del tiempo.
Al fin se detiene donde la realidad no es hogar.
Deja un rastro frío, una luna sin sonido.
La memoria se aviva, tímida, dentro de la piedra.
Y parte, más allá del confín de lo que ya no existe.