Regusto de Idioma Perdido
No es el hierro que muerde o la sal antigua,
ni la flor amarga que el aire dibuja.
Es una sombra en el paladar, un sendero oblicuo,
donde la voz apagada aún reina.
Un léxico de ceniza, sílabas rotas,
un vocabulario sin eco ya.
Son las resonancias que fueron amadas,
un alfabeto mudo, un débil tejido.
Un susurro de raíces bajo la lengua,
un saber antiguo que huye y se niega.
Y sin embargo queda el alma que mengua,
la melodía lejana que aún reza.
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