En el corazón de la ciudad, el tiempo planta raíces de piedra. Las calles absorben alientos y los transforman en promesas. Mide sueños, no horas, con una savia de colores. Cada palacio es un anillo que retiene silencio y espera. Los pasos tienen raíces que se hunden en el cemento cálido. El metro es río que lleva sueños a germinar. El tiempo no corre, mide sueños que florecen en la oscuridad. Y la ciudad, fuerte, deja crecer raíces hasta el corazón.