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Versisognanti

Latido Subterráneo

Bajo la ciudad, la biblioteca late sin voz,
entre columnas de piedra se expande un aliento tembloroso;
los libros, cerrados, guardan mundos en polvo,
el aire se vuelve piel que pulsa en la negrura.
Nadie mira, y aun así el tinte respira;
cada tomo hincha un pequeño pulmón entre las páginas;
el polvo danza como aliento intermitente;
el silencio susurra nombres ya leídos.
Las cubiertas se tensan, velas en el aire subterráneo;
las palabras florecen a medias entre sueño y memoria;
un pasillo pulsa, alargando los pasos de la oscuridad;
el tiempo aquí escucha y se ajusta al latido.
Cuando el alba busca el umbral, el respiro cesa un instante;
luego la biblioteca respira otra vez, más suave;
nos quedamos guardianes invisibles de una vida en volumen;
y el latido continúa, invisible, hasta que alguien lee.

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