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Versisognanti

La Vacilación de la Aguja

La aguja, punta esbelta de acero,
conoce su destino: hendir, unir.
Duerme en el hilo un sutil saber
de viajes mudos, de cosas por venir.
Mas antes que el signo se haga trama,
antes que su querer se desate,
una incierta pausa, una llama
de silencio entre los bordes, lo detiene.

È un attimo sospeso, una corrente
que retiene el salto, un temblor suave
entre la intención y su ser presente,
como la duda que el aire recibe.
El tejido espera, campo intacto,
promesa blanca o oscura de senda,
y la aguja, casi consciente de un pacto,
mide el límite, umbral ignoto.

Luego, un gesto, una mano, una exacta
voluntad que disuelve el pensar;
la hoja vence la defensa intacta,
y el hilo la sigue, rápido, sincero.
Ya no espera, sino carrera, ya no velo,
solo el canto del punto que nace y muere
para tejer un sentido, bajo el cielo
de una tarea antigua, de nuevo amor.

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