Una línea fina, un camino sin pensar, no trazo de yeso, ni gesto de olvido. Sobre la piel del muro, una geometría que el tiempo esculpe con sacro arbitrio.
No grita ruinas, ni pide consuelo, mas narra en silencio la fuerza oculta. Cada curva, un acento; cada débil puerto, una sílaba grabada, de piedra formada.
Es alfabeto ignoto, secreto aliento de capas que ceden, de fibras que dan. Un código mudo que a nuestro deseo revela el proyecto de lo que será.