La dignidad silente del léxico
Entre el papel amarillento, un mundo aguarda,
no grita sílabas, ni exhala un cantar.
Es cofre de ecos que el tiempo no apaga,
un código paciente, un mudo orgullo.
Cada página un borde de pensamientos ignotos,
un mar de definiciones que reposa,
listo para rozar labios, deshacer nudos,
sin prisa, esperando a quien lo deposita.
No tiene memoria propia, mas guarda cada huella,
no juzga el uso, ni persigue la idea.
Solo un peso de saber que no se exhibe,
la calma soberana de quien todo sabe, y calla.