Horas Secretas
En el diario secreto de los relojes hay una línea torcida,
donde las manecillas cansadas aprenden a olvidar la cuenta,
y el tiempo se refugia entre pliegues de polvo.
Los tictacs del día se confiesan en susurros lúcidos,
el péndulo contiene el aliento como quien dejó de hablar,
los segundos se escapan, pequeños ladrones que esconden llaves.
Cada página es grano de hora, una palabra arañada,
cuando la torre campana sueña, los relojes escriben en cursiva,
y sustituyen el sonido por letras que buscan manos.
Y si todos olvidan latir, nace otro ritmo
la ciudad escucha el aliento de cosas sin medir,
y el diario se cierra con un signo breve, un silencio que sonríe.