El Hueco Cálido
La almohada muda, ahora sola y quieta,
aún guarda una huella sin nombre.
No el peso, ni la tela de tu vestido,
sino un recuerdo tibio que lo oprime.
Un pequeño aliento, casi un eco
de espalda apoyada, dedos quietos.
En el aire fresco, el límite es nítido:
aquí la madera fría, allí el suave consuelo.
Un breve fantasma, un regalo inesperado,
que el tiempo no dispersa, ni disuelve.
Una historia muda de presencias breves,
dejada ir antes que se anule.
Es un adiós sin gesto, un saludo sin voz,
este fragmento intacto, casi una espera.
La huella de paso, ligera, silenciosa,
antes que el frío retome su presente.