En el silencio golpea una puerta suave, como aliento de madera. Un hilo invisible la sujeta al latido del cielo. El umbral respira con el firmamento, cómplice silencioso. La habitación es vela que vaga entre luz y oscuridad. El hilo se extiende más allá de la cresta de la noche. Cada grieta de madera invita a una estrella a exhalar vida. Cuando se entreabre, el universo inclina su oído sobre el corazón. Dos latidos: hogar y universo, en una misma floración de luz.