Estrellas en el tapiz
Las estrellas, memorias que bajan lentas,
lavan el vacío de cuartos silenciosos,
sellan con un soplo las grietas del día,
mientras la ciudad, cansada, se apaga en vigilia soñolienta.
La mesa es costa de luz, el sofá un aliento,
cada silla retiene un recuerdo que no se quiebra,
el polvo danza, guiado por hilo de plata,
y las paredes se visten de quietud repentina.
Cuando el alba avanza, la marea estelar cesa,
queda un rastro de luz entre las habitaciones vacías,
nosotros que dormíamos, ahora guardamos ese susurro,
y la oscuridad nos deja un rostro por recordar.