El rastro silente de la sombra que retrocede
La sombra, tejedora de esperas, se retira despacio,
no tiene pasos ni susurros, solo un suspiro mudo.
En el muro teñido de mañana, una frontera respira,
donde la noche cede al sol, nunca luchado.
Redibuja los perfiles, revela el rasguño de un tiempo,
el pétalo seco, el polvo sobre el dintel.
Cada centímetro es un fragmento, un exilio fugaz
ante la furia clara que avanza, luz suave.
Es lo opuesto a la prisa, un reloj sin sonido,
que mide lo invisible, el tejido de lo no visto.
Una despedida tierna, un efímero trono
que el día desharma y luego reconstruye, mixto
de ausencia y retorno, en el eterno don
de devenir que no tiene fin ni toque.