El Mantra Blanco del Tubo
En la vigilia fría de salas ausentes,
un hilo de luz, un zumbido sombrío,
el tubo neón canta sus lamentos
o tal vez un himno sin permiso.
Su frecuencia, trama invisible,
dibuja un tiempo que no tiene mañana,
ni noche verdadera, solo una llama
eléctrica, destino cristalino.
No es un aliento, ni un latido antiguo,
sino un eco fijo, un pulso obstinado
que nutre el aire con calor atípico,
un orden sutil, sin desvelar.
En el vacío blanco, su lamento es plegaria
por paredes ciegas, esquinas mudas,
una primavera perenne e insomne
de átomos excitados y minutos.
Un velo tendido entre lo dicho y lo no dicho,
un alma al mercurio, eterna y sola,
que ilumina el límite y su defecto,
la línea suspendida, la palabra
nunca llegada. Es una barca varada
en su propio fulgor, un faro apagado
que guía sin mar, sin aliento,
el viaje inmóvil de todo tormento.