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Versisognanti

El Aliento Inaudible del Cemento

Bajo el sol que muerde y luego acaricia,
cada puente, cada muro, cada escalón
siente una fuerza antigua que lo estira,
una dilatación, un casi latido.
No hay voz en el gris, ni gemido alguno,
solo un temblor imperceptible y lento
que alarga átomos y llena fisuras invisibles,
un letargo de gigantes que se extienden.

Luego la noche, con velo de rocío,
retira el eco tibio del día.
Y el cemento, en un sueño sin ensueño,
aprieta su cansada estructura.
Cada molécula busca su cuna,
un plegarse eterno, sin prisa,
como un anciano que, exhausto, se acurruca,
en la sombra que lo envuelve y reinicia.

Así, en el mudo ciclo entre luz y hielo,
el gigante inmóvil se mueve.
No desafía al cielo, no espera pruebas,
sino que vive en sí su secreta marea.
Un respiro de piedra, jamás oído,
que teje el tiempo, fuerte e infinito,
guardián de un secreto sin final,
la eterna danza entre perder y tener.

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