Confesiones en el margen
La luna abre una taberna de luz sobre el río,
vende confesiones en las orillas del estuario.
El agua, caja brillante, anota los secretos
y los acoge con caricia de espuma.
Las olas llevan las palabras jamás dichas
más allá del cañón de la orilla, donde el mundo queda.
Cada palabra se vuelve sal en los labios de la noche,
y regresa a llamar al corazón de los acantilados.
Cuando el alba rompe la última sombra, el puesto calla.
El estuario retiene el aliento de las promesas no dichas.
La luna se va, mas el mar guarda lo restante
un recuerdo que late en el ritmo de las olas.