Ciudad nunca nacida
Arena que respira, neón que tiembla,
un olor a sal y metal suspendido,
la ciudad no nacida contiene el aliento,
entre puertas soñadas y ventanas invisibles.
Es un aroma sin hogar ni voz
pátina brillante de calles, óxido de lunas,
palacios sin nombre que se encienden al anochecer,
susurran a quien escucha que todo es posible y nada está dado.
Cuando llega la noche, la ciudad respira en silencio,
una vela de viento parece plegarse sobre sí misma,
pero el aroma queda, promesa no cumplida,
entre arena y neón, una ciudad que nunca nació.