El latido de la luna invertida late entre los árboles. Una savia de luz canta entre los troncos sumergidos. La ciudad hundida respira al ritmo de la marea. Las calles convertidas en corrientes reflejan siluetas de plata. Entre las ramas, campanillas de cristal entonan el estribillo. Las casas vistas desde el agua forman pasillos de estrellas. Cada hoja es oído para el canto que se eleva. Y cuando amanece, la luna queda guiando el silencio.