Cielos Invertidos
Uneco camina, pies descalzos, sobre cielos invertidos;
el azul se vuelve orilla donde el rostro no recuerda la distancia.
Cada paso cuenta un olor a sal y cera,
y la memoria sigue, como una pequeña barca, la estela del tiempo.
Las calles son nubes que rozan con la lengua;
a través de los dedos de los recuerdos, tocan la piel del presente.
Una campana dentro despierta una vieja canción,
y Leco deja que vibre entre los dientes del viento.
El cielo volteado respira, lento, como una linterna apagada,
y los recuerdos se alinean a lo largo de los bordes del corazón.
Caminan juntos, manos vacías pero llenas de nombres,
y cada palabra se vuelve traza sobre el agua del día.
Si escuchas, el pasado es un compañero silencioso,
un paso desnudo que no pide otra luna.
Leco queda en la piel, donde el tiempo se anuda,
y el alba llega, sin prisa, a reencender la voz.