Aliento del horizonte
El aliento del horizonte tiene hambre de palabras,
estira la lengua del sol entre grietas de mar,
escucha el eco de pasos mudos que no dijeron el nombre,
y se traga el silencio, pidiendo nuevos sonidos.
Se nutre de recuerdos olvidados, sepultados en las dunas,
los enciende como brasas temblorosas bajo la ceniza,
cada recuerdo es una llama que canta una nota perdida,
y revela al mundo la voz que el tiempo había apagado.
Los teje en cuerdas que tiemblan al alba,
un alfabeto improvisado desafía el rumbo de la memoria,
cada palabra enciende una vela sobre el pecho del horizonte,
dejando un rastro de sal, lluvia y luz.
Así avanza el respiro, lento y obstinado,
el horizonte, saciado de sonidos, respira al nacer del día,
y la memoria, volviendo a brillar, nutre la luz del mañana,
hasta que la noche calla y la palabra se vuelve alba.