Ecos de Nombres
En el vientre de la estación, el silencio se abre como nieve sobre hierro.
Las paredes custodian nombres perdidos, trazados en polvo y aliento.
Los rieles duermen; el silencio estira pasos de quien no se va.
Una lámpara tiembla, testigo mudo de la sala vacía.
Cada sílaba queda pegada al cristal de la sala de espera.
Los nombres se alinean como estrellas en un mapa que a nadie guía.
El tiempo se detiene, en cola para un viaje que no existe.
El soplo de la pared los repite, buscadores de un lugar nunca llegado.
Y el silencio lleva voz de quien no cruzó el umbral.
El silencio lame las paredes con lengua de metal.
La estación es archivo de nombres que nunca tomaron riel.
Quizás el viaje es solo este escuchar, en ese silencio que los custodia.