En la cáscara apagada de la radio olvidada el vacío canta, hilo invisible que vibra. Los diales, ojos fríos, giran lo infinito; la voz se cose en los hilos de cobre. Por contactos oxidados se desliza la voz, un canto que crece como raíz de hierro. La habitación contiene el aliento y escucha, hasta que el alba rompe la música en recuerdos.