El silencio crece, lento, como una planta carnívora, arraiga en el patio de los errores. Entre hojas de memoria retiene el sonido apagado, y respira al ritmo de pasos que no vuelven. Las raíces hunden y aprisionan un aliento apenas, cada error se vuelve insecto entre grietas de luz. Luego llega una lluvia de decisiones y el silencio se relaja, hasta que una palabra germina y enciende la estancia.