El crepúsculo amamanta las sombras de los relojes, y la habitación contiene el aliento. Los minutos se vuelven semillas de silencio que germinan entre los dedos del tiempo. Cuando la noche coloca la vela en el umbral, las semillas se vuelven luces nuevas y secretas. El tictac desacelera, se vuelve aliento, y el día se apaga en una flor de quietud.