En el río, el libro cede a la corriente, las páginas absorben lluvia y lodo; el silencio crea espacio entre cada pliegue, un aliento que queda sin voz ni peso. Entre esos papeles el río respira lento, el tiempo fluye con ritmo de la corriente; cada línea es una vela mojada que se esfuma, la tinta se vuelve alga sobre el recuerdo. Cuando el agua lo envuelve, el silencio perdura, entre piedras brillantes y alientos apagados; quien mira desde la orilla aún puede sentirlo, ese aliento que una página llevó hasta el fondo.