A medianoche, el refrigerador queda abierto y exhala una luz azul. La memoria florece entre latas brillantes y congelados que tiemblan. Cada estante es un pétalo de tiempo con olor a limón. Nómadas del pasado abarrotan los estantes sin pedir permiso. Del silbido del ventilador nace una flor de memoria. Pétalos fríos se abren entre luces temblorosas y pan olvidado. Abrir el hielo es abrir una ventana al ayer. Cierro la puerta y queda el eco de ese aroma que no se va.