Aliento de Nubes
La ciudad respira entre calles y nubes,
un pulmón de tráfico late al compás de los semáforos;
cada ventana es ventana al aliento ajeno,
y el aire cambia vestidura con las horas que pasan.
Dentro de un frasco de cristal, refugio frágil,
nacen amaneceres pequeños, nubes que buscan abrigo;
el tapón es noche cerrada, un crepúsculo minúsculo,
el eco de pasos se apaga en el frío brillante.
El aliento de la ciudad reposa en esa cáscara brillante,
neón y lluvia se entrelazan en silencio frío;
entre cristal y aliento tiembla una tensión leve,
y la noche parece contener el aliento por un instante.
Cuando se afloja el agarre, las nubes escapan al cielo,
la ciudad vuelve a respirar, guardando sabor a nube;
el cristal se hace lente que mira al mundo respirar distinto,
y el aliento queda, custodiado como secreto de terciopelo.