Minutos nunca nacidos
En el silencio el reloj permanece despierto,
los minutos se deslizan como alientos no dados,
amores jamás nacidos que quedan aquí, en media sombra.
Las manecillas rozan nombres nunca dichos,
promesas que se desvanecen con el fulgor de la luna,
cada tictac es una carta que no se envía.
El metal custodia un mapa de quizás,
la memoria se dobla entre cifras y silencios,
lo que pudo ser es un eco entre las paredes.
Y al amanecer, la habitación respira suavemente,
la memoria del tiempo queda, pero los amores no,
el reloj marca solo minutos de sueños nunca nacidos.