En los callejones se enciende un lenguaje que nunca nació; un latido sin gramática, un susurro sin dueño. La ciudad lo viste cada noche de lenguas nuevas y luces extrañas; y ella queda, un eco que roza pasos sin tomar forma. Cuando la oscuridad se detiene, ese lenguaje vibra entre puertas entreabiertas; no nacido, mas capaz de atar el aire en un solo aliento. Yo lo escucho filigrana de sílabas que rozan las fachadas. Y al alba desaparece, dejando solo rastros de lo que pudo decir.